Relatos

Sola, perdida y hambrienta

Se acordó de Raylai justo cuando pasaba por delante de la entrada del parque y se detuvo de golpe.
El rubito que la acompañaba, con el brazo sobre los hombros, se le quedó mirando con cara de tonto. Estaba borracho, como ella, y era mono. Le apetecía muchísimo llevárselo a casa y quitarle la pose hipster a chupetones, pero no podía dejar tirada a su amiga.
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Relatos

Una posada en el fin del mundo

 

Stuart Mathesson estaba nervioso. No le gustaban los hispanos, aún menos los hispanos parricidas y muchísimo menos los hispanos parricidas que tenía que defender como abogado de oficio. Sobretodo si acababan condenados a muerte porque se negaban a cooperar en la defensa. Cuando abrieron la puerta de golpe estaba terminando de colocar los papeles, perfectamente alineados delante de la silla vacía.
Un guardia llevó a su cliente, un hombre de cincuenta y tantos moreno y apergaminado, hasta el asiento al otro lado de la minúscula mesa. Los saludos de cortesía fueron más vacíos y rápidos que de costumbre. Sigue leyendo

Relatos

El pecado de Onán

Lo habían intentado de muchas formas a lo largo de los años. Al principio con sutilezas. Pero a medida que mi ímpetu crecía y los deslices se volvían más frecuentes, aquellos primeros consejillos nerviosos barnizados de trivialidad se convirtieron en miradas comprometidas y advertencias del estilo de “Se te va a caer a cachos” o el colmo del absurdo; “Como sigas así te vas a quedar ciego”. Por supuesto todo fue inútil. El fuego de la adolescencia y el placer recién descubierto no iban a ser tan fáciles de sofocar.

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