Lo habían intentado de muchas formas a lo largo de los años. Al principio con sutilezas. Pero a medida que mi ímpetu crecía y los deslices se volvían más frecuentes, aquellos primeros consejillos nerviosos barnizados de trivialidad se convirtieron en miradas comprometidas y advertencias del estilo de “Se te va a caer a cachos” o el colmo del absurdo; “Como sigas así te vas a quedar ciego”. Por supuesto todo fue inútil. El fuego de la adolescencia y el placer recién descubierto no iban a ser tan fáciles de sofocar.

Hasta que llegó mi abuela Virginia. A aquella mujer temerosa de Dios solo le costó una noche poner punto y final a mi afición a la zambomba. Fue una noche de Junio, durante las vacaciones. Llegaba cansado de jugar al fútbol y no sospeché nada cuando me la encontré haciéndome la cena, cosa poco habitual: una enorme taza leche y tostadas.

-Come mi niño, que vendrás rendido -Me dijo con una sonrisa.

Recuerdo que estaba todo riquísimo, la leche sabía a miel y la mantequilla del pan tenía un sabor como a especias pero dulce. Estaba pensando si podría convencerla para que me hiciera más cuando la oí llamarme desde el salón. Empecé a olerme algo.

-Mira cariño, estos son tu madre y tu tío recién nacido– me pasó las fotografías y siguió ojeando el libro que tenía sobre las rodillas, creo que era algún volumen sobre salud infantil, porque estaba lleno de fotografías de bebes – Eran tan pequeños…

-Mamá me enseñó esas fotos una vez –le dije receloso-, me contó que cuando nació la operación se había complicado y estuviste muy, muy malita.

-Eso son solo malos recuerdos, no nada más bonito que traer un hijo al mundo –mientras hablaba pasaba las páginas del libro, donde iban apareciendo fotografías de niños recién nacidos, algunos embadurnados de sangre, otros con el cordón umbilical recién cortado, aún con ese color verdoso tan particular-. ¿tú sabes cómo se engendran los niños verdad? –la pregunta me descolocó.

-Ss..si. Quieres decir lo del sexo y eso, ¿no? –mi abuela me miró severa.

-Si, lo del “sexo” -estaba claro que la palabra no le gustaba-. Sabes que Dios le dio al hombre una semilla que debe plantar en la mujer, ¿verdad? –para entonces yo ya sabía por donde iban los tiros, y bajo la acusadora mirada de mi abuela empecé a repasar de memoria las últimas veces que me la había cascado, en busca de algún error táctico- Si lo sabes, ¿como te atreves a desperdiciar esa simiente que Dios te ha dado? –había cerrado el libro y me miraba a los ojos.

Yo no pude responder y ella no dijo nada más. Di media vuelta y me fui directo al baño. No hubo partida de cinco contra uno, sino un baño rápido y nervioso. Cuando salí me dijo que me fuera a la cama, que a la mañana siguiente había que recoger los huevos y repartir el guano. Me arropó, me encomendó a no sé que ángel y fue hasta la puerta para apagar la luz.

-¿Sabes?, cada vez que echas tu semilla por ahí estás matando a un niño, porque nunca nacerá –me incorporé nervioso, su tono de voz era más serio que nunca-. Si tu madre te hubiera llevado a la iglesia tanto como debiera sabrías que esos niño asesinados no van al Paraíso, ni al Infierno –hizo una pausa y sus labios se estrecharon hasta casi desaparecer- Se quedan aquí, rondando a su asesino.

Sin decir nada más apagó la luz y salió del cuarto. Al principio pensé que a lo peor había encontrado algún resto y solo estaba muy enfadada. Pasaba el tiempo y yo no conseguía dormir. En otras circunstancia la forma de relajarme hubiera sido obvia, pero no tenía yo el cuerpo para fiesta esa noche. Se me ocurrió que quizá esa era su forma de castigarme, con toda aquella palabrería. En cualquier caso, al final fui cayendo poco a poco en un sueño tardío e incómodo. Mis pensamientos fueron apagándose, dejando paso los sentidos. Me perdía en las nieblas oníricas aspirando el olor particular de aquella habitación extraña, el tacto algo acartonado de las sábanas y la almohada. Aunque ya estaba prácticamente dormido oía los ruidillos que habitan todos los dormitorios, esos ligeros crujidos, vaivenes acompasados, goteos ocasionales, pequeños chasquidos aquí y allá… la lógica empezó a distorsionarse. “¿Y si esos ruidos no son normales?, ¿y si solo los oigo yo?, ¿y si son un montón de bebes muertos antes de nacer que …

Aquella fue una de las peores noches de mi vida. Detrás de cada paisaje soñado estaban ellos. Al principio recelosos, poco a poco más confiados. Tomando terreno. En una mecedora aparecieron cuatro, muy juntos, como repartiéndose el calor. Me miraban con los ojos vacíos mientras se arrullaban haciendo crujir la silla. Más allá (o más acá) otros seis colgaban como un racimo, pendientes de un cordón umbilical, embadurnados de un líquido blancuzco. En medio de un partido de fútbol que iba ganando apareció una mujer mayor, le sangraba la entrepierna y llevaba uno de ellos en los brazos. Lo acunaba para consolarlo, pero no dejaba de llorar. A pesar de ello el llanto no sonaba, porque tenía la boca llena de aquel líquido blando, que goteaba incesante.  Y en algún momento los encontré sobre mi mismo, avanzando por mis pantorrillas, con la manos regordetas y torpes pero decididas a aferrar su objetivo. Chasqueaban la lengua ansiosos del pecho que nunca llegaría. Y seguían avanzando hacia mi entrepierna…

Desperté con los calzoncillos empapados. Y no se qué fue peor, el sueño mismo, el asco que sentí de mi mismo o el encontrarme a mi abuela Virginia sentada junto a la cama. Mirándome.

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20 comentarios en “El pecado de Onán

  1. si dijera que este relato tiene algo de autobiográfico iba a quedar fatal.. je.. pero es verdad. lo que hay en él de mi pasado es la abuela del protagonista. la mía no se llamaba Virginia, pero tenía ese mismo carácter taimado y sabio a su manera. y bueno, de lo del pecadillo en cuestión.. pues … erg… eso 😛

  2. :O XD!! (has escogido un nombre de abuela divino!! 😉 Una de las mías (a la que no llegué a conocer) se llamaba así, por eso decidieron ponerme su nombre.
    Empezando por el título, te diré que me ha gustado mucho, sobre todo porque engloba todo el relato sin desvelar ni un ápice (uy que fina estoy escribiendo… en la realidad no habla así eh? jaja)
    Onán es muy apropiado para un onanista como el que describes.
    La foto que ilustra el relato es perfecta, me encanta la elección.
    Sobre la historia que cuentas, te comento que está muy bien planteada y escrita de forma muy cuidada. Es fácil adentrarse en la escena y sentir lo que sienten ambos personajes a pesar de no compartir sus ideas. El párrafo donde cuentas la pesadilla con todos esos bebés pululando, es buenísimo, me estaba entrando el mismo agobio que debía sentir Onán (menos mal que el final fue distinto, jeje. El se mea y yo me parto de risa al comprobar que la abuela se llama como yo, jajaja)
    Todo bien, salvo unos detallines:
    “Mis pensamientos fueron apagándose, dejando paso los sentidos. ” –> será “a los sentidos” ¿no?
    “-Eso son solo malos recuerdos, no nada más bonito que traer un hijo al mundo ” –> te has comido el “hay” entre no y nada.
    Y por último: Alt+0151, queda mucho mejor el guión largo en los diálogos y el texto justificado.
    ¡¡Un abrazo!!, ¡¡¡Muy buen trabajo!!!

    1. jejeje. me alegra que te gustase .. pero más me alegra que te guste la imagen, dios!! creo que me costó más elegirla que pulir el texto xD
      lo del nombre de la abuela lo elegí por el significado etimológico, para darle carácter a la señora. pero ese una agradable coincidencia ^^
      muchísimas gracias por los apuntes. hago la corrección ya mismo. pero lo de los guiones lo he dejado por imposible, entre que tengo textos antiguos en Word y otros en Pages (el editor del Mac con el que trabajo ahora) y cada uno trabaja como le sale de los bits, que las autocorrecciones de estilo me tocan mucho la moral y acabo por desactivarlas… pues eso, que lo dejo por imposible. me conformo con que salga un guión y no una almohadilla xD

      gracias por pasarte. nos leemos!!

  3. Hola Sergio. Me pareció un relato muy entretenido y muy bien narrado. Es fácil de leer y te hace pasar un buen rato. No he visto nada que comentar en plan académico. El par de cosillas te las apuntó Virginia.
    El relato tiene dos momentos espeluznantes. No se me ocurre algo más angustioso que el que una abuela te diga que no te toques, ni nada más terrorífico que despertar y, al abrir los ojos, ver a alguien mirándote.
    En fin fantástico relato Sergio.
    P.D. la escena de Literautas de este mes me llevó a una historia que me es imposible recortar a las 750 palabras de todas formas la colgaré en mi blog para que no se diga que no hice los deberes
    Saludos

    1. gracias por dejarme unas palabras David. me alegro de que te gustase el relato ^^. me estoy esforzando en mantener la actualización semanal con un mínimo de calidad y esta semana pensé que no llegaba.
      no te preocupes por lo del texto de Literautas, si hay que ir a tu blog a leerlo se va. la pena es que no recibirás los tres comentarios de los compañeros, pero al menos el mío te lo puedo ofrecer. si quieres pásame tu email y cuando lo publiques te mando el comentario con el mismo formato que usamos para el taller 😉

      un saludo, nos leemos!

  4. Hola, Sergio. Me ha gustado, me parece una mujer “terrorífica”, por el temor que inculca en su pobre nieto. Y terrorífico es eso de despertar con alguien mirándote, como te han apuntado.
    Solo una sugerencia sobre el inicio que me resulta un poco explicativo. Yo lo habría empezado directamente así:

    “Se te va a caer a cachos”, “Como sigas así te vas a quedar ciego”. Todo fue inútil. Hasta que llegó mi abuela Virginia. A aquella mujer temerosa de Dios solo le costó una noche poner punto y final a mi afición a la zambomba…

    Yo la llamaría por su nombre ya desde el inicio porque es un nombre con mucha fuerza.

    Nos leemos.
    Abrazos

    1. Hola Salytierra. gracias por los consejos. es curioso lo que me dices de la introducción, porque la alargué un poco precisamente para asegurarme de que sabíamos de qué estamos hablando. no quería hacer una referencia directa a la masturbación y corría el riesgo de confundir al lector. y es que aún así uno de mis betalectores al final no supo de qué estaba hablando… “Sergio, ¿un cuento sobre un adolescente pederasta? ¿un poco resbuscado no?” … palabras textuales ¬¬!
      de todas formas tomo nota y ya he hecho algunos retoques.

      gracias por pasarte, un saludo, nos leemos!

  5. ¡Me ha dado casi más miedo que otra cosa!

    Espero que esas pesadillas no se hayan repetido.

    No voy a hacerte comentarios técnicos porque creo que no podría agregar mucho más a lo ya dicho. Me ha gustado el rollito del chaval, que es como un poco descarado con eso del sexo, y lo dice a sabiendas de que molesta. Al igual que revisa los últimos “pecados” para ver dónde le ha podido pillar su abuela…es chulo ese detalle que caracteriza al personaje.

    Virgina da MUCHO miedo. ¿Qué demonios hace ahí sentada?

    1. jajaja, está visto que al menos a la abuelita la clavé… el cuento antes tenía otro título mucho menos sugerente y cuando estaba dándole vueltas al asunto uno de mis betalectores sugirió “La yaya provida” xD … sólo por la gracia que me hacía estuvo a punto de ser el oficial

      gracias por pasarte y comentar Isma 😉
      nos leemos!

  6. ¡Hola Sergio! Acabo de suscribirme para que tus relatos me lleguen por e-mail,porque no pienso consentir volver a leer con tanto retraso un relato como éste.
    Me ha gustado la abuela, (yo me muero si me encuentro a alguien mirándome mientras duermo), pero el “pajillero”, me ha encantado, lo veía delante de mí, con la cara llena de granos y un peinado moderno de estos con el flequillo tapando los ojos.
    Y que nos insinues un “basado en hechos reales” a medias ¡es muy gracioso también! XD jejejej

    Enhorabuena, me ha encantado.

    Un abrazo,

    Aina
    http://ainaponstriay.wordpress.com

    1. jajaja… me alegro mucho de que te gustara el relato y más todavía de que te apetezca suscribirte a mis actualizaciones ^^
      una abrazo, nos leemos!
      pd. puedo prometer y prometo el único dato autobiográfico es el carácter de la abuela xD

  7. Hola, no sé por qué estoy leyendo esto recién ahora, me encantó. Es bastante espeluznante, las imágenes de la pesadilla son bastante impresionantes (al menos, para mí). Y la abuela, Dios mío, sí que da miedo al final! Es re siniestra!!

    Está muy bien narrado, me puso los pelos de punta, y eso es mucho decir para un relato.

    1. hey, gracias por dejarme unas letras Denise ;). me alegro que te gustara el relato. siento contestarte tan tarde, pero he tenido un verano algo ajetreado y se me pasó tu mensaje.
      un saludo, nos leemos!

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