Se acordó de Raylai justo cuando pasaba por delante de la entrada del parque y se detuvo de golpe.
El rubito que la acompañaba, con el brazo sobre los hombros, se le quedó mirando con cara de tonto. Estaba borracho, como ella, y era mono. Le apetecía muchísimo llevárselo a casa y quitarle la pose hipster a chupetones, pero no podía dejar tirada a su amiga.
Empezó a formular una excusa pero la cara del chico y su flequillo aplastado le resultaron graciosísimos. Él también empezó a reírse sin saber muy bien por qué y eso lo hizo peor. Ya le dolían los abdominales cuando decidió que no valía la pena decir nada. Le plantó un beso y se despidió. Mientras entraba en el parque lo oyó gritar algo, pero estaba ocupada secándose las lágrimas de risa, mientras intentaba no matarse caminando con tacones por el paseo de adoquines. Ya lo buscaría en el bar el sábado que viene para compensarlo.
A las seis de la mañana el parque estaba oscuro y helado. Se ajustó la chaqueta de cuero, pero los leggins no ayudaban a conservar el calor. Antes de llegar al estanque rodeado de farolas que había en el centro ya estaba entumecida, el vaho dibujaba el contorno de cada exhalación.
Echó un vistazo alrededor, buscando a su amiga. En el extremo del lago artificial había una cafetería que empezaba a tener movimiento. Le pareció ver un tenue resplandor a la derecha, pero la distrajo un grupo de chicos que salían de las sombras del camino detrás de ella. Iban bastante borrachos, insultándose medio en broma medio en serio. Se alarmó un poco, pero para su sorpresa pasaron a un par de metros sin mirarla si siquiera, rumbo a la cafetería. Suspiró una nubecilla de aprensión, volvió a echar un vistazo alrededor.
Esperaría a Raylai sentada en el banco que había en el extremo opuesto.
Sobre el banco encontró un periódico muy manoseado. Uso la mitad para sentarse sobre él y la otra para cubrirse los muslos, a ver si cogía un poco de calor. En la portada un enorme titular decía: “Chapucero robo al Museo Nacional de Antropología. Dos ladrones muertos y el contenido de una vasija funeraria desaparecido de la Muestra de arte tailandés. La policía bus…”
Un escándalo de gritos y cristales rotos la hizo levantar la mirada. El grupo de chicos había acabado peleándose y parecían estar destrozando la cafetería. Echó un vistazo al perímetro del estanque antes de volver a la noticia y entonces volvió a ver el resplandor. Entre los árboles que había a la derecha del lago.
Era Raylai. Dejó caer el periódico al levantarse y fue hacia allí tan rápido como le permitieron los tacones y el frío.
Las farolas de aquella zona del parque estaban apagadas, rotas, supo al pisar los cristales. Llamó a su amiga y respondió un susurro entre los árboles, guiándola hacia la parte más alejada del camino. Allí la encontró. Desprendía una tenue luz y sus rasgos asiáticos, enmarcados por una lacia cabellera negra, se iluminaron con una sonrisa… que se agrandó hasta desgarrar las comisuras de la boca para mostrar unos enormes colmillos. A partir del cuello desgarrado no había cuerpo alguno, sino una masa de vísceras flotantes; esófago, pulmones, estómago e intestinos que palpitaban y se retorcían por la anticipación.
Raylai se lanzó sobre ella. El terror rompió el vínculo hipnótico, pero la chica no tuvo ninguna oportunidad. Con la primera dentellada le arrancó parte de la mandíbula y la lengua, convirtiendo el grito naciente en gorgoteo desesperado. Su presa se sacudía pero la retuvo usando los intestinos como ligaduras. El segundo mordisco llegó hasta la campanilla y los espasmos empezaron a cesar. Con el tercero alcanzó la columna a través de la garganta y del cuarto separó la cabeza del cuerpo.
El olor la embriagaba pero no podía detenerse a saborear el banquete. El amanecer estaba cerca y tenía que cubrirse o moriría. Usó su lengua prensil para vaciar la caja torácica a través del cuello tan rápido como pudo. Cuando acabó introdujo sus propios órganos por el mismo conducto, hasta unir su cuello al cuerpo. El alba la encontró agotada y febril, pero a salvo en un nuevo recipiente.
Devoró el corazón y los riñones y escondió el resto. Tenía que lavarse antes de que la vieran. Ahora podría acercarse a los humanos. Estudiarlos. Averiguar por qué había tanta luz de noche, por qué todo olía tan mal y sobre todo dónde estaba.

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9 comentarios en “Sola, perdida y hambrienta

  1. lo que tenía preparado para esta semana al final no me ha convencido así que tiro de Literautas. este es el relato que envié al taller de este mes, Escena 16: el parque y el periódico. quería publicarlo después de que se colgaran en la web todos los textos enviados… pero… es lo que hay 😉
    el texto es el que peor sabor de boca me ha dejado de todos los enviados al taller. el limite de 750 palabras se nota demasiado. y es que tengo que aprender a ajustarme sin saturar. aún así la escena final me ha dejado muy contento, hacía mucho que no escribía nada de ese palo.

  2. Hola Sergio,

    cuando he comenzado a leer me he imaginado que sería tu relato para el taller y he dudado en leerlo o no. Pero al final como puedes ver, lo he hecho, jejeje.

    Decirte que no te tiene que quedar tan mal sabor de boca. El relato cumple y esta bien escrito. Me ha sorprendido el giro final de la “cosa” rara esa, pero habiendo leído un par ya de tus textos no podía esperar menos.

    Un abrazo. ¡Nos leemos!

    1. gracias Wolfdux por las palabras de ánimo 😉 … pero uno ya sabe lo que quiere escribir y cómo quiere hacerlo y este no es el resultado que esperaba, je. tengo que esforzarme más!
      nos leemos!

    1. gracias… pero no tanto xD… estoy intentando publicar una vez por semana y (por ahora) no consigo siempre el nivel que me gustaría. pero para este año me conformo con mantener el ritmo.
      un abrazo, gracias por pasarte

  3. Hola Sergio, tu relato está muy bien, pero quizás en la “versión blog” extendería un poco la parte del final, para mi gusto transcurre demasiado rápido y no da tiempo a asimilarlo. Es muy difícil escribir en 750 palabras pero si te animas a extenderlo avísame que te leo.

    Añado tu blog a la lista de enlaces del mío, ahora estas en fauvorites 🙂

    1. jejejeje.. gracias!! me parece que, después de los comentarios de los Literautas, lo que haré es una versión 2.0 del texto desde el punto de vista de Raylai … perderé la frescura del narrador centrado en la víctima, pero el resultado seguro que quedará más coherente y sólido 😉
      un abrazo!

  4. No está mal, Sergio, sobretodo contando con ese límite; todos los que nos hemos enfrentado alguna vez a él sabemos lo que es. Aunque si estoy quizá algo de acuerdo con Gemma RM en el comentario de arriba 😉
    ¡Por cierto! Tienes premio en mi blog 🙂 Un abrazo.

    1. ante todo gracias por dejarme unas letras ^^ y por el premio!!! tengo alguna nominación más, pero como hemos coincidido un montón de Literautas y el fuego cruzado amenaza con asesinar el objetivo de estos premios, que a mi entender es divulgar los blogs, voy a esperar un poco para hacer mi entrada.
      ya le comento a Gemma arriba que sobre el texto lo más probable es que lo rehaga. a ver si lo tengo para el día quince, cuando resuelva el juego de los comentario de Literautas. 😉

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