El texto que sigue requiere cierta cualidad del lector. Este debe haber superado ese punto de no retorno en el que descubrimos que entre las hojas de un repollo sólo hay más hojas de repollo, que el cuello de una cigüeña no aguanta un peso de tres o cuatro kilos y que las abejas provocan la reproducción de las flores por accidente mientras se alimentan… si entiendes a qué me refiero puedes seguir leyendo, si no mejor obvia esta entrada.
Abandone toda ilusión de inocencia aquel que traspase este punto.

Ahma-Varvati

Me desnudo y enciendo los radiadores un buen rato antes de que lleguen los celebrantes. La habitación debe tener una temperatura adecuada. Las paredes están cubiertas de espejos, como debe ser. Cientos de láminas reflectantes de cientos de tamaños y formas diferentes, arrancadas del cadáver del antiguo mundo para servir en los rituales de vida del nuevo. De pie en cualquier rincón puedo ver mi cuerpo en varias perspectivas. Un placer hedonista que no me está prohibido y al que me entrego con gusto.

Me acaricio: mi piel es tibia, suave y carente de vello. Observo cómo mi reflejo se recorre el cuerpo con las yemas de los dedos, extendiendo las esencias que ayudarán en la ceremonia; el torso bien formado pero sin definiciones, las caderas algo redondeadas, los muslos y las nalgas firmes. Un cuerpo demasiado generoso para ser masculino y demasiado esbelto para ser el de una mujer. Como mi cara, redondeada pero de ceño prominente, carente de melena, cejas o incluso pestañas. En estos momentos previos siempre siento un hormigueo en la entrepierna, pero ninguno de mis reflejos se acerca a esa zona, cubierta con la única prenda que llevo.

Cuando llaman a la puerta la pequeña habitación sin ventanas esta ya bien caldeada. Abro con ceremonia y franqueo el paso a la pareja que espera vestida con las ropas litúrgicas; ella una levita de lino blanco y él una túnica de lana gruesa, negra y abotonada por todo el frente. Cierro la puerta y los acompaño en silencio. Me examinan usando los reflejos, están nerviosos, normal. Ella se sienta en el altar y su compañero se queda de pie a varios pasos de distancia, con gesto serio. Se miran con intensidad.

Al poner las manos sobre los hombros de la chica noto su temblor. La recuesto sobre la losa de piedra cubierta pieles y ella extiende los brazos hasta los asideros laterales. Así sus palmas estarán lejos del contacto con mi piel. Eso es tabú. Me coloco a horcajadas sobre ella, con una rodilla entre sus piernas. Y apoyado sobre un brazo voy descubriendo su cuerpo con la mano libre, acariciándolo a la vez. La abertura de la levita deja a la vista un cuerpo pálido de curvas generosas que huele a flores. Acabo desabrochando el cierre del cuello para dejar libres sus pechos, bastantes grandes para su edad. Mientras comienzo a acariciarlos acerco la cara al lugar donde los rizos rojos cubren la oreja. El olor a flores es más intenso ahí, algo más ácido. Rozo su piel con los labios en ese lugar y luego bajo al lóbulo, la mandíbula redondeada, el cuello, las clavículas…. En cada parada abandono unos besos, más húmedos cada vez. Cuando mi boca está a punto de llegar al pezón me detengo y dejo caer el cuerpo sobre ella con suavidad. Los amantes sigue mirándose a través de los espejos.

Ejerzo presión con mis caderas y recorro sus costados con las manos, ahora libres. Desde las redondeces de sus brazos, por los dorsales hasta las comisuras del pubis. Muevo las caderas contra las suyas susurrando pequeños gemidos y la dejo embriagarse con mi olor. Cuando noto que responde a mis movimientos me incorporo de nuevo sobre un brazo y aplico la boca sobre su pezón, la reacción es inmediata. Continuo jugueteando con los senos mientras acerco poco a poco la rodilla a su entrepierna. Sé que he hecho contacto más por el suspiro de ella que por mi propia sensibilidad, eso es bueno, está receptiva. Froto sus labios exteriores con el muslo, poco a poco, mientras alterno los pezones.

Cuando me parece que la estimulación es la adecuada deslizo la mano derecha hacia la cara interna del muslo, recreándome en el tacto. Luego las corvas. Le levanto la rodilla y atraigo el tobillo hacia mí. Allí encuentro el tacto pulido de un brazalete ceremonial. Entiendo. No quiere que use mis manos en su sexo. Es su decisión. Aplico la lengua con fruición sobre sus pechos y me separo un poco de su cuerpo. El olor a sudor atrapado entre los dos me inunda la nariz. Bajo la cabeza por su vientre húmedo hasta donde empieza el vello púbico, uno mis labios a los suyos en un gesto de aprobación y me incorporo. Ella comienza en silencio a prepararse para el resto del ritual.

Mientras me acerco a su compañero. El bulto bajo la túnica indica que también está dispuesto para la liturgia. Perfecto. Comienzo a desabotonarle. Me saca al menos dos palmo de altura. Bajo la gruesa tela negra aparece un cuerpo fuerte. Pecho alto, vientre sólo algo abultado y un millar de marcas provocadas por el trabajo en los campos subterráneos. El vello de su pecho se agolpaba sobre los pectorales, para precipitarse en una fina línea vientre abajo hasta el remanso del ombligo y luego más allá, hasta su sexo semi erecto. Tiene las manos unidas tras la espalda, por lo que al deslizar la túnica sobre sus hombros queda colgándole de las muñecas. La vaharada de aire resultante impulsa su aroma hacia mí. Él huele a madera cruda. Poso las manos sobre sus caderas y hundo la cara en su pecho húmedo, pegando mi cuerpo al suyo. Coloco su sexo contra mi piel estirado en toda su longitud. Esta caliente y cada vez más duro. Me mantengo en esa posición, acariciándolo, hasta que los sonidos a mi espalda se detienen. Echo una ojeada y en el reflejo de un reflejo veo que ella ha acabado y ahora nos mira. Rodeo el cuerpo de su compañero con deliberación. Camino con lentitud, arrastrando una mano por su cuerpo. De la cadera al pubis, luego el miembro, de nuevo al pubis, la cadera contraria y por último su espalda. Allí me detengo para propiciar un encuentro visual entre los celebrantes. Admiro la espalda tensa por la postura de los brazos, el recorrido de las gotas de sudor, acanalándose en el surco que divide la espalda del muchacho y se pierde entre sus nalgas. Me agacho para acariciar las rotundas piernas, mucho más peludas que su torso. Recorro la pierna izquierda dejando besos en dirección a sus gemelos. Cuando me detengo en la corva, compruebo que los amantes de miran con intensidad y alzo una mano para masajear los testículos del chico. Me incorporo y libero sus manos de la túnica, indicándole que puede empezar a masturbarse. Vuelvo hasta su compañera.

Los labios exteriores de su sexo están adornados con varios anillos metálicos que los atraviesan. Entre ellos y los brazaletes de los tobillos hay un hilo de oro. Fláccido de momento. A medida que me acerco al altar ella va separando poco a poco los tobillos sobre las pieles. El hilo se tensa y, tembloroso, su sexo se abre para mí. Le beso los pies y lamo sus dedos para darle confianza. Cuando ha adoptado la posición adecuada fijo los ojos en mi objetivo y avanzo hacia él humedeciendo el hilo, primero con saliva, luego con sangre. Al llegar a sus labios interiores, ahora expuestos, los impregno con mi sangre. Ella los bendecirá y marcará al niño venidero. Humedezco ambos labios en abundancia antes de lanzar mi lengua herida hacia el interior de la muchacha. A tientas, como ella ha impuesto, tanteo su calidez usando también mis labios para frotar los suyos. Lo recorro de arriba abajo, deteniéndome en lo más alto, donde el clítoris emerge como vigilando mi trabajo. Los espasmos llegan de improviso de la mano de unos gemidos sofocados. Cuando la tensión de sus tobillos no es suficiente yo mismo tenso los hilos para continuar con mi tarea sagrada. De cuando en cuando ojeo la efigie repetida hasta el infinito del muchacho para asegurarme de que sigue masturbándose. También ella se estimula, acariciándose los pechos y el vello púbico mientras mantiene los ojos clavados en los de su compañero.

Los espasmos de él me indican que ha llegado el momento. Desciendo del altar, dejando un último rastro de sangre y fluidos en el sexo de ella, introduzco la mano en el cuenco de santos óleos dispuesto junto al altar y me arrodillo. Él aparta las manos para llevarlas de nuevo a la espalda. Tomo sus testículos con una mano y me introduzco su glande, rojo y abultado, en la boca. Bautizándolo también con mi propia sangre. Aumento la presión de la mano rítmicamente y comienzo a bombear su sexo, aplicando tanta saliva como a la superficie veteada. La mano impregnada la deslizo entre sus nalgas, para cruzar el esfínter y llegar a estimular la próstata. El ritmo se hace frenético a medida que él se arquea cada vez más, presionado sus manos contra los lumbares para no infringir el tabú en el momento final de placer. Y de pronto llega. Siento que mi boca se inundaba de vida primigenia. Cálida y húmeda. Una vida que me invadirá a mi mismo a través de la herida en la lengua.

Con sumo cuidado abandono su sexo y vuelvo al altar. Ella me espera trémula, con los tobillos separados, anhelante. Esta vez hundo mi cara en su sexo tanto como puedo y vierto el contenido de mi boca en su interior con una oración. Un ruego por la continuidad de la vida.

La espera es corta. Mi propia sangre acompaña a esa vida incipiente y por ella sé que nada puede fallar ya. Me alegro y comienzo a limpiar con la lengua el sexo de la muchacha. Luego desato sus tobillos y le dejo un último beso el bajo vientre. Entenderá el significado. Me acerco a él y repito el ritual. Luego, voy hasta el fondo de la habitación, donde hay una pila de agua bendita para limpiarme después del oficio. Un millar de amantes, repetidos una y otra vez a mí alrededor, se abrazan y caminan de la mano hasta la puerta.

No puedo dejar de anhelar ese contacto.

Al fin salen y yo vuelvo a mi soledad. Regreso al altar y me siento en el borde la piedra. En el ambiente aún flota esa peculiar mezcla de madera, calor, sexo y flores. Me tiendo sobre las pieles y aspiro relajado con el sabor de la vida aún en la lengua. Mi imagen me observaba reflejada desde el techo, curiosa. Mira con atención mis formas extrañas, generosas sin apenas serlo y esbeltas en la justa medida. Aquella descarada acaba fijando su mirada en mi entrepierna, donde aún dura el hormigueo, lleva sus dedos escurridizos hasta allí y aparta el trozo de tela que la cubre. Y ¿para qué? Para mostrarme la gruesa cicatriz que ocupa el lugar de mis genitales. Y recordarme así cual es el precio a pagar por ser un Ahma-Varvati. Un santo. Un fecundador.

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16 comentarios en “Ahma-Varvati

  1. el verano está resultando bastante improductivo, en el sentido literario. llega el calor y apetece salir por ahí. el cerebro sigue acumulando información y procesándola, pero uno está a otra cosa 😛
    el otro día leyendo unos textos de la amiga Virginia Figueroa recordé este cuento que escribí hace tiempo. y he aquí que lo recupero para el blog. aún después de retocarlo no me parece tan redondo como me gustaría, pero lo dicho, el calor aprieta y uno no está al 100%. que se le va a hacer, aún así me sigue gustando el tono impío que tienen algunas partes.
    es curioso como al releerlo reconozco los elementos que le dieron forma a la historia original; lo que me gustan las distopías, una ilustración de una Private que le birlé a mi padre cuando era un canijo y el cuento “Rawhead Rex” de Clive Barker… ahí es nada xD.

  2. Mira que mala jugada me hizo tu blog, habia hecho un comentario y no me lo publico jaja, pero tratare de retomar.

    Amigo Sergio.

    El poner una advertencia siempre obligara a mas de uno (yo incluido) a leer jaja asi que como estrategia funciona muy bien jeje

    Que te digo del relato? muy duro, incomodo a ratos, aunque intuia un aspecto mistico. Hay un par de palabras en las que te traiciono el teclado “pareces” en vez de “paredes” y alguna otra que se me escapa en la revisada que le di.

    Un buen texto que logra inquitar y que de ninguna manera te deja indiferente.

    Felicidades

    Saludos

    1. jeje, sep el WordPress a veces tienes esas cosas. yo ya no escribo comentarios desde el móvil porque siempre lo duplica, se lo come o dios sabe 😉
      ya he quitado alguno de los fallos tipográficos, gracias por avisar. ¿en qué sentido te refieres a incómodo? ¿por el contenido o por la estructura?
      un saludo y gracias por pasarte. nos leemos!
      pd. por supuesto, la advertencia tiene el doble sentido de avisar e intentar enganchar … como todas, lo reconozcan o no

  3. Querido Sergio:
    Si tus sequías creativas van a tener estos resultados te imploro que recurras a ellas más a menudo, aunque sea para rescatar viejos tesoros.
    LA influencia de Virginia se ve, desde luego, y coincido con Jose en que a ratos se hace incómodo, pero dura poco; has conseguido transmitir durante todo el relato la esencia ritual de lo que describes para culminar con el drama estéril de su auténtico protagonista.
    Me ha encantado.
    Besos y disfruta del verano.

    1. gracias por dejarme unas palabrillas Aurora, que sé que en estas fechas cuesta más que nunca ^^
      je, Virginia anda últimamente muy “carnal” y su último poema me recordó este relato.
      como le digo a José… ¿en qué sentido te ha resultado incómodo el texto? ¿por lo crudo de algunas partes del contenido, por la estructura (o falta de ella)? ¿la redacción?
      un abrazo, nos leemos!

      1. Mi “incomodidad” no tiene que ver con la ejecución sino con la temática, me avergüeza un poco reconocer que no me siento cómoda con las escenas de sexo explícito, aunque no me niego a leerlas.
        Ya te dije que me gustó que durante todo el relato se mantuviera la esencia ritual de lo que estás contando.
        Lo has contado muy bien, sin caer en lo meramente sexual, nada en el texto es gratuito y por eso me ha gustado tanto.
        Quizá sí me chocó un poco el momento del hilo de oro, no terminaba de visualizarlo, aunque al final creo que lo comprendí.
        Por lo demás, no vi fallos en la estructura y sabes que me encanta tu estilo.
        Besos.

  4. Buen relato Sergio, como bien a comentado José, hay un par de errores de teclado que se pueden solucionar en un periquete, por lo demás, acojonante, jeje. Es un relato duro de leer, pero no deja de ser bueno por ello, y como bien dice Aurora, me gustan tus sequías creativas.

    ¡Un abrazo y buen verano!

    1. muchas gracias por pasarte a dejarme unas palabrillas Wolfdux!! me alegro de que te gustase relato, con una temática tan particular siempre es posible molestar a alguien, parece que por ahora la cosa va bien 😉
      un abrazo, nos leemos!
      pd. por cierto, que no he querido preguntarte en tu blog por no levantar ampollas… pero …. ¿quien es Drow Jack Melomaniac? que te da una caña brutal. en un blog los comentarios son siempre bienvenidos, que uno puede estar muy sólo en la blogsfera, pero es que esa personita no tiene piedad, a veces parece que se le va la mano xD.

  5. ¡Wow! Me ha encantado Sergio. Me has envuelto desde la primera palabra. Ni me he dado cuenta de los errores de tecleo que comentan los compañeros. La mezcla de distopia y ritual sexual te quedó impresionante. Felicidades. Mi más sincera enhorabuena.

  6. Que tal Sergio.

    No te lo puedo explicar bien, voy leyendo, leyendo y me pones en un mundo surrealista donde no se que va a pasar. El elemento mistico esta presente pero sin embargo sigo pensando que esto es solo un trio mas, luego llegas a la parte de la excitacion del hombre y la “inseminacion” con sangre y la verdad ahi me senti un poco incomodo. No por persignado ni por mojigato. Es una escena tan cruda que me hizo sentir asi. Pero no es peroyativo, al contrario; cuando como escritor logras con tus palabras hacer esto, para mi es un logro mayusculo.

    De la estructura y demas yo que te puedo decir si es mi talon de Aquiles, solo me fije en las palabras que ya modificaste. Siempre he dicho que como escritores (uso el termino con cierta holgura en mi caso jeje) debemos buscar conmover, emocionar; pero nunca dejar indiferente al lector.

    Saludos amigo y espero con ansia ver como terminas la historia compartida

    Un abrazo.

    1. wenas Patricia … gracias por acordarte de mi 😉 … ha sido un verano movidito y me está costando remontar, pero dentro de nah estoy otra vez por aquí. y voy a aprovechar tu premio y alguno que tengo pendiente para hacer un post especial, je
      un abrazo, nos leemos!

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