Relatos

A la luz de un nuevo mundo (I)

Willem miraba pensativo como su orín caía por el borde del barco, describiendo un arco perfecto hasta mezclarse con la espuma que la Sirena Tuerta creaba en su perezoso avance. El rastro de la nave se difuminaba en el océano hasta perderse en la línea del horizonte, donde se perchaban los tres espectros que venían a por sus almas.

Acabó, se sacudió lo más parecido a unas lágrimas que se podía permitir un pirata y se quedó mirando las tres naves de velamen blanco impoluto que se acercaban sin descanso. La grande era la causa de sus desgracias, un galeón español que iba por detrás pero llegaría para el festín de cuervos. Las otras dos serían las ejecutoras, dos bergantines que habían salido el diablo sabría de dónde; una escolta con la que contaban o ayuda venida de alguno de los puertos de las islas cercanas, incontables en cantidad y lealtades. Las naves (y eso era lo que más mal fario le daba al contramaestre) llevaban los gallardetes blancos del Santo Oficio. Suspiró, escupió al océano y le dio la espalda a los tres espectros.

El barco era un hervidero; ni el ron, ni los dados, ni la promesa de riqueza que llevaban en las bodegas podían con la certeza de que en un par de jornadas serían cañoneados. Llevaban todo el velamen desplegado y el tiempo era bueno, pero las tripas de la Sirena estaban tan llenas de botín que nadaba mucho más lento de lo que podría. Lejos, a estribor, se divisaban el millar de islas de la costa austral de Chile, ofreciendo una engañosa vía de escape. Willem se metió un trozo de tabaco en la boca mientras miraba el horizonte dentado que formaban los archipiélagos. Si la nave estuviera más ligera o aquellos fondos no fueran tan traicioneros podrían haber intentado una maniobra de evasión. De hecho hubiera sido la opción más razonable, pero el capitán había ordenado vaciar las bodegas del galeón español y ahora la Sirena parecía una serpiente que se hubiera tragado un elefante.

Un grupo de hombres estaba subiendo a cubierta los cuatro cañones ligeros que llevaban en las bodegas. El contramaestre bajó de un salto los escalones que separaban el castillo de popa de la cubierta y agarró el cabo del que tiraban otros cuatro para subir una de las piezas de artillería. La pieza de hierro fue asomando poco a poco por la escotilla. Cuando lo hubo hecho dos hombres tiraron de ella al tiempo que los demás aflojaban el cabo hasta dejarla sobre la cubierta. La desamarraron y el grupo se puso manos a la obra con la siguiente. Willem se quedó ayudando a limpiar la pieza, cubierta de grasa para preservarla de la humedad de las bodegas.

– Will, sabes que esto no va bien, ¿verdad? –el que hablaba era Ruud, un holandés curtido y áspero como un callo. Uno de los miembros más antiguos de la tripulación. El contramestre asintió sin decir nada-. Los hombres están muy nerviosos –el otro no dejaba de frotar el cañón mientras hablaba-. Una tripulación normal ya hubiera lanzando por borda la mitad del maldito tesoro, todas estas malditas antiguallas inservibles y al señor capitán Baltasar de Cordés, maldito sea –el otro marino que ayudaba en la limpieza escupió al suelo, demostrando acuerdo.

Y tenían razón, una tripulación ordinaria ya habría organizado un motín; las posibilidades de sobrevivir al abordaje eran mínimas. Pero los hombres que tenía a su cargo no eran marineros al uso. En el abordaje del bergantín portugués que ahora llamaban “La Sirena Tuerta” había muerto la mitad de su antigua tripulación. El cambio de nave había compensado, en opinión del contramaestre, su viejo balandro era un trasto rápido pero con una artritis crónica que habría acabado matándolos. Lo que no le pareció tan bien fue el reemplazo de la tripulación. Una caterva de indígenas Chiloe ansiosos por destrozar y quemar cualquier cosa que llevara bandera española, que el capitán había encontrado en Castro durante los meses que retuvieron el puerto.

– Se pueden decir muchas cosas de los indios, Ruud, pero no que les falte espíritu o que no sean buenos marineros.

El otro dejó de frotar y se encaró al contramaestre.

– ¿Me estás tomando el pelo? No te hagas el tonto, maldita sea. Sí, saben llevar un barco y juegan a los malditos dados como si hubieran nacido con un par metido en el maldito culo -había empezado mascullando, pero el tono cada vez era más alto-. Sabes a qué me refiero. ¿Dos malditos bergantines y un galeón? De aquí no va a escapar nadie –algunos de los hombres que estaban encaramos a la arboladura se había detenido para escuchar-. No somos ciegos Will, los vemos en el maldito horizonte y cada vez están más cerca. En cuanto estemos a tiro se acabó, seguro que no llegan ni a abordarnos.

– Si tanto maldito miedo tienes, tírate por la maldita borda y echa a nadar hasta la maldita costa –le espetó exagerando su latiguillo y luego continuó más para los espectadores que para el propio Ruud-. El capitán dio la orden de navegar lejos de la costa justo para que tengan que abordarnos. Si se les ocurre cañonearnos tendrán que nadar hasta el fondo del Pacífico para recuperar la carga. Y todos sabemos que a los españoles les gusta menos el agua que a ti –alguna carcajada en cubierta indicó a Willem que había salido airoso, por ahora-. Si quieres hacer algo útil sigue trabajando y deja que piensen los que no tienen las ideas hervidas por el sol.

Tiró el trapo sobre el cañón y fue a ayudar con la siguiente pieza que empezaban a izar fuera de las bodegas. Ruud no era el primero en demostrar lo poco que le gustaba todo aquel asunto. Él mismo había sugerido al capitán que el abordaje del galeón español no era buena idea, claro que entonces aún no sabía que además llevaba gallardetes de la Santa Sede. De haberlo sabido él mismo habría organizado el motín. El capitán había aparecido una mañana, mientras se recuperaban en de una escaramuza en Isla Clemente, con la cabeza llena de ideas. Un contacto le había suministrado el itinerario preciso de un barco español que transportaba grandes riquezas. No quiso decir a su contramaestre el nombre del contacto pero le aseguró que aquel botín los haría ricos a todos. No sólo ricos, los convertiría en reyes. Toda esa exaltación ya había puesto en guardia a Willem, pero la información y el plan parecían buenos. La nave se había quedado sin escolta durante la travesía del Paso de Magallanes, remontaría la costa de Chile muy cerca de la costa. Ellos conocían los recovecos de aquel sarampión de islas mucho mejor que los españoles, no era una locura pensar que podrían tenderles unas emboscada, asaltarlos y prender fuego a la nave para que no pudieran seguirlos. Y eso fue lo que hicieron.

Un alarido en las cubiertas inferiores sacó al contramaestre de sus pensamientos y a punto estuvo de hacer que el cañón se precipitara de vuelta a la entrañas de la nave. La fila de hombres que tiraban del cabo gruñó y renovaron el esfuerzo. Cuando la pieza estuvo sobre la cubierta Willem maldijo su suerte y bajó corriendo la escalerilla para ver qué había ocurrido.

—Continúa en Capítulo II

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4 comentarios en “A la luz de un nuevo mundo (I)”

  1. este relato lo escribí hace un tiempo para un taller/experiencianarritva/experimetofallido que organicé hace un tiempo con unos amigos. el asunto no medró, pero guardo muy buen recuerdo y de allí salieron algunas cosas buenas. como este relato.
    es una monstruosidad de casi ocho mil palabras. lo más largo que he escrito en mucho tiempo. pero cuando empecé a escribirlo me lo estaba pasando también que no puse límite. fue un experiencia interesante después escribir tantos relatos para Literautas con la faja de las 750 palabras 😉
    llevó unas cuantas revisiones (mías y de los otros miembros del taller/experiencianarritva/experimetofallido, gracias guapetones, que alguno estará leyendo esto), pero seguro que alguna cosilla habrá quedado. espero que lo disfrutéis y os quedéis con ganas de leer el resto.
    lo escribí con el “Return to Ommadawn” de Mike Oldfield en bucle, así que supongo que es la banda sonora adecuada. y la imagen es de la entrada del “Canal Moraleda” de la Wikipedia. es una región de la costa de Chile un poco más al norte de donde empieza la acción, pero me parece bastante ilustrativa.
    un saludo!

    1. jeje, gracias!!! me alegro de que te haya gustado ^^
      pues la idea es publicar el siguiente capítulo (calculo que serán cuatro) la próxima semana. pero aún estoy (re)organizando esto, así que a lo mejor lo cuelgo antes. ¿se te hizo demasiado largo? es que me da miedo poner entradas demasiado largas, que la pantalla de un ordenador no es el mejor sitio para leer.
      un saludo!

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