microrelato

Dédalo

– ¿Todavía estás ahí? Te dije que desaparecieras.

– Estoy esperando a alguien.

– Que te larg…

– ¡Que no me da la gana!

– No vuelvas a levantarme la voz si no quieres que te arranque la cabeza de una torta. Mediamierda.

– ¡Que machote!

– Te la estás buscando. No me toques más los huevos. Sé a quién estás esperando. Y ya sabes lo que pienso de la maricona esa con la que vas.

– No, no lo sé.

– Sí lo sabes.

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microrelato

Así comienza

El primer aviso del macabro final de la familia Maldonado llegó una mañana cualquiera, sin apenas causar revuelo.

Paula, la hija mayor, estaba lavándose la cara cuando vio a su derecha una marca de vaho en el espejo. No le dio importancia, pensó que quizá el agua caliente había empañado el cristal. Se giró a coger el cepillo de dientes y al volver a mirar el espejo la marca estaba directamente sobre su cara reflejada. Por instinto pasó la mano sobre ella para borrarla y seguir con su aseo.

Pero la marca no desapareció. Porque, en realidad, estaba al otro lado del cristal.