Relatos

Las piedras no

En los años posteriores al asedio, se extenderían todo tipo de leyendas sobre la mañana en que la Fortaleza Willis fue destruida. Muchos juraron haber visto druidas o romanos fantasmales lanzando cascotes desde lo alto de las murallas. Hubo quien aseguró que fueron cuervos monstruosos los que arrancaron trozos del castillo para lanzarlo sobre los asaltantes. Todos mentían, nadie pudo relatar lo que pasó aquella fatal mañana, porque nadie sobrevivió.

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Relatos

Sola, perdida y hambrienta

Se acordó de Raylai justo cuando pasaba por delante de la entrada del parque y se detuvo de golpe.
El rubito que la acompañaba, con el brazo sobre los hombros, se le quedó mirando con cara de tonto. Estaba borracho, como ella, y era mono. Le apetecía muchísimo llevárselo a casa y quitarle la pose hipster a chupetones, pero no podía dejar tirada a su amiga.
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Relatos

Una posada en el fin del mundo

 

Stuart Mathesson estaba nervioso. No le gustaban los hispanos, aún menos los hispanos parricidas y muchísimo menos los hispanos parricidas que tenía que defender como abogado de oficio. Sobretodo si acababan condenados a muerte porque se negaban a cooperar en la defensa. Cuando abrieron la puerta de golpe estaba terminando de colocar los papeles, perfectamente alineados delante de la silla vacía.
Un guardia llevó a su cliente, un hombre de cincuenta y tantos moreno y apergaminado, hasta el asiento al otro lado de la minúscula mesa. Los saludos de cortesía fueron más vacíos y rápidos que de costumbre. Sigue leyendo

Relatos

El pecado de Onán

Lo habían intentado de muchas formas a lo largo de los años. Al principio con sutilezas. Pero a medida que mi ímpetu crecía y los deslices se volvían más frecuentes, aquellos primeros consejillos nerviosos barnizados de trivialidad se convirtieron en miradas comprometidas y advertencias del estilo de “Se te va a caer a cachos” o el colmo del absurdo; “Como sigas así te vas a quedar ciego”. Por supuesto todo fue inútil. El fuego de la adolescencia y el placer recién descubierto no iban a ser tan fáciles de sofocar.

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Relatos

Noche de Guerra

—— Viene de Noche de Paz ——

Volamos bajo, entre el manto de nubes y el mar agitado. De noche y a esta altura los Alisios tienen unas fauces frías como la muerte, pero dentro del nimbo casi no las noto. Al contrario que mis acompañantes. Makel de las Potestades y Haaiha de los Serafines. Los dos acabarán siendo mucho más poderosos y útiles a la causa que yo. Pero de momento son dos ángeles recién encarnados que no tienen ni idea de como funcionan las cosas por aquí. Y que ahora mismo se están helando sus celestiales culos dentro del mono de vuelo, porque no son capaces de proyectar un campo de energía que los proteja de los elementos.

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Relatos

Baobhan Sith

Asier conduce y en el asiento de al lado veo pasar los cerros. El invierno acaba de empezar a salpicarlos de lluvia y El Verde se extiende por todas partes. Es impresionante ver cómo hasta las mismas piedras se cubren de vida. Soy feliz. A lo mejor por eso no he conseguido dibujar nada desde que salimos de la ciudad. Con los pies sobre el salpicadero me empeño en sacar adelante un boceto pero es inútil, el bloc continua intacto sobre mis muslos. Todo me arrastra lejos de la hoja en blanco; los olores a tierra húmeda que el coche arrolla a su paso, el tacto de la madera del lápiz, el paisaje, la voz de Asier canturreando lo que suena en la radio. Por fin voy a ser madre y eso me llena de una extraña mezcla de euforia y aprensión. Van a cambiar muchas cosas y no puedo dejar de preguntarme si valdrá la pena.

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