Relatos

Una posada en el fin del mundo

 

Stuart Mathesson estaba nervioso. No le gustaban los hispanos, aún menos los hispanos parricidas y muchísimo menos los hispanos parricidas que tenía que defender como abogado de oficio. Sobretodo si acababan condenados a muerte porque se negaban a cooperar en la defensa. Cuando abrieron la puerta de golpe estaba terminando de colocar los papeles, perfectamente alineados delante de la silla vacía.
Un guardia llevó a su cliente, un hombre de cincuenta y tantos moreno y apergaminado, hasta el asiento al otro lado de la minúscula mesa. Los saludos de cortesía fueron más vacíos y rápidos que de costumbre. Sigue leyendo

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