Relatos

Das Fenstergeist

Cuando estuve destacado en el puente del Lyss era sólo un cabo, más bien atocinado, que contaba días que le quedaban para licenciarse. Aquella guerra se volvía más extraña cada neblinoso día que pasaba; los informes de Inteligencia eran vagos, los mandos no soltaban prenda y los veteranos no hacían más que meter miedo con historias sobre los pocos cadáveres (propios o ajenos) que el enemigo dejaba atrás y sus cuentos de escaramuzas pasadas. Sabíamos que Rusia y España se habían unido a la Alianza Continental y eso era bueno, pero la sombra del conflicto y el clima gris y húmedo de aquella parte de Bélgica y sofocaban cualquier resquicio de optimismo. Deseaba con todas mis fuerzas alejarme de todo aquello.

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