Relatos

Sola, perdida y hambrienta

Se acordó de Raylai justo cuando pasaba por delante de la entrada del parque y se detuvo de golpe.
El rubito que la acompañaba, con el brazo sobre los hombros, se le quedó mirando con cara de tonto. Estaba borracho, como ella, y era mono. Le apetecía muchísimo llevárselo a casa y quitarle la pose hipster a chupetones, pero no podía dejar tirada a su amiga.
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