Relatos

Más dura será la caída

La luz del ascensor le quemó los ojos cuando despertó sobresaltado.
– ¿Dónde estoy?
Un hombre joven, vestido con un impoluto uniforme blanco, le sonrió tendiéndole la mano.
– Es usted Fernando Aguirre, ¿verdad?
– ¿Dónde estoy?
– No se preocupe ahora por eso. ¿Sería tan amable de entregarme la llave?
– ¿Qué hablas, sonado? ¿Dónde estoy? ¿Quién mierdas eres?
– Me llamo Pedro –dijo el ascensorista señalando la pequeña chapa dorada con su nombre que llevaba en la solapa-. Y cuanto antes me de esa llave que tiene en la mano antes saldrá de aquí.
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Relatos

Chaperon Rouge

En el barrio la conocían como Caperucita Roja por su manía de usar siempre condones de ese color. A quien preguntara le contaba gustosa que todo había empezado como un juego cuando era una novata, una forma de sentirse más segura. “Es divertidísimo ver a un tío, a cualquiera, con un trozo de látex rojo saltando entre las piernas”, se reía. Al final se había convertido en “su marca” y hasta había conseguido algún cliente fijo gracias a eso. “Y es que algunos incluso se ven importantes” decía y no paraba de reír.

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Relatos

Parcas

– Bueno, ya estamos grabando. Empecemos por su nombre.

– Vale. Me llamo Marcelino Figueroa, Marcé. Tengo 72 años.

– ¿Dónde nació Marcé? 

– En Sibila, un pueblito de Badajoz. Muy cerca de “La Raya”. Creo que ahora es un pueblo fantasma. Mis padres trabajaban en un circo ambulante. Nací allí y me crié rodando entre Mérida, Tarifa y Cartagena.  Sigue leyendo “Parcas”

Relatos

Las piedras no

En los años posteriores al asedio, se extenderían todo tipo de leyendas sobre la mañana en que la Fortaleza Willis fue destruida. Muchos juraron haber visto druidas o romanos fantasmales lanzando cascotes desde lo alto de las murallas. Hubo quien aseguró que fueron cuervos monstruosos los que arrancaron trozos del castillo para lanzarlo sobre los asaltantes. Todos mentían, nadie pudo relatar lo que pasó aquella fatal mañana, porque nadie sobrevivió.

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Relatos

Sola, perdida y hambrienta

Se acordó de Raylai justo cuando pasaba por delante de la entrada del parque y se detuvo de golpe.
El rubito que la acompañaba, con el brazo sobre los hombros, se le quedó mirando con cara de tonto. Estaba borracho, como ella, y era mono. Le apetecía muchísimo llevárselo a casa y quitarle la pose hipster a chupetones, pero no podía dejar tirada a su amiga.
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Relatos

Noche de Guerra

—— Viene de Noche de Paz ——

Volamos bajo, entre el manto de nubes y el mar agitado. De noche y a esta altura los Alisios tienen unas fauces frías como la muerte, pero dentro del nimbo casi no las noto. Al contrario que mis acompañantes. Makel de las Potestades y Haaiha de los Serafines. Los dos acabarán siendo mucho más poderosos y útiles a la causa que yo. Pero de momento son dos ángeles recién encarnados que no tienen ni idea de como funcionan las cosas por aquí. Y que ahora mismo se están helando sus celestiales culos dentro del mono de vuelo, porque no son capaces de proyectar un campo de energía que los proteja de los elementos.

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