Relatos

Más dura será la caída

La luz del ascensor le quemó los ojos cuando despertó sobresaltado.
– ¿Dónde estoy?
Un hombre joven, vestido con un impoluto uniforme blanco, le sonrió tendiéndole la mano.
– Es usted Fernando Aguirre, ¿verdad?
– ¿Dónde estoy?
– No se preocupe ahora por eso. ¿Sería tan amable de entregarme la llave?
– ¿Qué hablas, sonado? ¿Dónde estoy? ¿Quién mierdas eres?
– Me llamo Pedro –dijo el ascensorista señalando la pequeña chapa dorada con su nombre que llevaba en la solapa-. Y cuanto antes me de esa llave que tiene en la mano antes saldrá de aquí.
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